Desde cada hospital, cada parque y cada casa, las familias encendieron una vela por esos pequeños que se adelantaron al cielo.Fue un momento silencioso, pero poderoso. Un abrazo colectivo que cruzó ciudades, abrazó corazones y recordó que el amor nunca se apaga.
En Quito, pedaleamos con el corazón, iluminamos hospitales, elevamos globos y compartimos palabras que sanan.
En Cuenca, las velas de Casa Yangoe reflejaron la fuerza de las familias que transforman el dolor en amor.
En El Carmen, el parque se llenó de esperanza.
En Machala, el silencio fue oración.
Y en Sucumbíos, una fachada iluminada habló más fuerte que mil palabras: los recordamos, los honramos, los amamos.





